Los planes de la primera semana en Tokyo se nos trastocaron un poco. Creimos que podríamos conseguir entradas para ir al Museo Ghibli alguno de los últimos días de nuestra estancia en Japón, pero no fue así. Curiosamente estaban agotadas para esa semana, así que las tuvimos que comprar con fecha anterior a la prevista, 31 de Octubre (5º día de viaje)
Si mal no recuerdo, hicimos transbordo en la estación de Tokyo para coger la línea local Chuo de JR hasta la estación de Mitaka. Llegamos un poco temprano, así que nos metimos en un conbini que había junto a la estación a por un poco de lectura, y nos hicimos con un manga de Doraemon y una revista. Al salir del conbini vimos que el autobus del museo estaba llegando a su parada, así que nos subimos y llegamos casi los primeros de la sesión matutina. Eso sí, tuvimos que esperar un poco en los alrededores del parque en el que se encuentra hasta que abrieran las puertas.
El Museo Ghibli es realmente un lugar mágico que vale la pena ir a descubrir. Ya no sólo es recomendable para los aficionados al anime o a las pelíulas de Ghibli en particular, yo creo que para todo el mundo. Por desgracia no permitían hacer fotos en el interior del museo, pero era como estar dentro de una de sus películas, precioso.
Con la entrada nos entregaron una diapositiva con 3 fotogramas que te daba derecho a asistir al pase de un cortometraje de aproximadamente 15 minutos de duración. Creo que hay tres en total, pero a nosotros nos tocó Kujira Tori, la historia de un grupo de niños de preescolar donde lo que empieza siendo un juego en el que salen a pescar en un barco imaginario, se convierte en una aventura en medio del océano con ballena incluida.
Al terminar la visita a Mitaka, la siguiente parada fue en Nakano, que además nos pillaba de paso. Fuimos exclusivamente para ver el paraíso de Mandarake, que en realidad es un centro comercial común y corriente salvo porque tiene varias tiendas Mandarake en su interior. Estos locales están separados según temática: los había de manga nuevo, manga de segunda mano, gashapons, muñecas, garage kits, gundam… De toda frikada imaginable.
También había una librería enorme cuyo nombre no recuerdo, pero que me sorprendió porque nunca había visto tantas revistas juntas.
Al salir fuimos a comer a un “sitio” llamado Aoba Ramen del que me habían llegado buenas críticas. Era bastante pequeño y sencillo, pero tenía cola para “entrar”. Y uso tantas comillas porque a aquello no se le podía llamar restaurante, pero tampoco era un kiosko (pero como si lo fuera) Y una vez sentada a la barra, literalmente te quedabas con el culo al aire. El ramen, eso sí, estaba bueno -aunque para mí era demasiada cantidad- y los japoneses lo sorbían sonoramente de sus cuencos como Kamisama manda.
La última parada tras el almuerzo fue en Ogikubo, una estación entre Mitaka y Nakano, donde hay una tienda de Blythes que tenía mucha curiosidad por ver, Honey*Bee. El local es pequeño pero muy bonito y acogedor, recomendable para todos los aficionados a estas muñecas. Como era de esperar, no salí de allí con las manos vacías…
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